martes, 24 de noviembre de 2009

Metas Educativas 2021, apuesta de futuro, retos y desafíos.

Por: Ángela C. de Pastrana. Coordinadora
No somos ajenos a la situación que se vive actualmente de tiempos difíciles. Además de la pobreza, el hambre y la desigualdad está la inseguridad económica que incide en el progreso de los países. La crisis golpea a casi todos, pero en especial a aquellos que tienen menos recursos para enfrentarse a ella. Desde esta perspectiva, la educación debería ser uno de los objetivos principales de la acción de los gobiernos porque la mejora de la educación de todos los ciudadanos, no sólo contribuye de forma decisiva al desarrollo económico y social de los países, sino que también es una garantía para el fortalecimiento de las instituciones democráticas, para la liberación de las personas y para el ejercicio de una ciudadanía responsable y crítica

Es por esto que en la búsqueda de soluciones, la XVIII Conferencia Iberoamericana de Educación, reunida en mayo de 2008 en El Salvador, aprobó acoger la propuesta “Metas Educativas 2021: la educación que queremos para la generación de los bicentenarios1 cuyo objetivo final es “alcanzar una educación que dé respuesta satisfactoria a demandas sociales inaplazables: lograr que más alumnos estudien, durante más tiempo, con una oferta de calidad reconocida, equitativa e inclusiva y en la que participen la gran mayoría de las instituciones y sectores de la sociedad. De esta forma se avanzará en la cohesión social y en la construcción de sociedades democráticas, sostenibles y justas”.

Indudablemente, al hacer una reflexión crítica frente a este objetivo de hacer que la generación de los bicentenarios sea la mejor formada de la historia, es un gran reto, porque como plantea Brunner (2001)1, en una de sus publicaciones, “la educación latinoamericana se enfrenta a dos desafíos: recuperar el tiempo perdido y avanzar”.

Brunner enfatiza: uno, se debe recuperar el retraso acumulado en el siglo XX para responder a los retos futuros: universalizar la oferta de educación infantil, primaria y secundaria, llegar a toda la población sin exclusiones, especialmente a las minorías étnicas, mejorar la calidad educativa y el rendimiento académico de los alumnos, fortalecer la educación técnico profesional y reducir de forma radical la insuficiente formación de gran parte de la población joven y adulta.

Y dos, ha de enfrentarse a los retos del siglo XXI para que de la mano de una educación sensible a los cambios tecnológicos, a los sistemas de información y de acceso al conocimiento, a las formas de desarrollo científico y de innovación y a los nuevos significados de la cultura, pueda lograr un desarrollo económico equilibrado que asegure la reducción de la pobreza, de las desigualdades y de la falta de cohesión social.

Ahora la pregunta es: ¿Cómo enfrentarse a ambos desafíos de forma integrada pero innovadora y con ciertas garantías de alcanzar el éxito?

En consecuencia en esta pesquisa de soluciones, nada fáciles, existen estrategias que se deben tener en cuenta, como: comprometer en los procesos de cambio al conjunto de la sociedad y no sólo al sistema educativo; ajustar los avances tecnológicos y científicos que se están desarrollando en una realidad desigual, plurilingüe y multicultural y hacer uso de los conocimientos y de las herramientas de la información para lograr en el menor tiempo y con eficacia los objetivos pendientes.

1 Brunner, J. J. (2000). Globalización y el futuro de la educación: tendencias, desafíos, estrategias.
En OREALC-UNESCO: Seminario sobre Prospectivas de la Educación en América Latina y el Caribe. OREALC: Santiago de Chile.

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